lunes, 14 de septiembre de 2009

ejemplo de un texto dramatico

Sincronía Primavera 2006
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Personaje principal y Carnavalización en el texto dramático Jesucristo Gómez de Vicente Leñero
María Lourdes Hernández Armenta
Universidad de Guadalajara
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Personaje principal
En 1945 se encontraron los escritos de Nag Hammadi y con ello, se rescataron muchos de los valiosos libros que se tenían por perdidos. La literatura de alguna manera se ha visto influenciada por estos textos, algunos escritores se han dado a la tarea de mostrarnos una imagen de Jesús, diferente a la que por tantos años, la Iglesia nos ha dado. Este es el caso de Vicente Leñero que en El evangelio de Lucas Gavilán, hiciera posible que en la ciudad de México, naciera Jesucristo (Gómez) y que su calvario fuera el mismo de todos los mexicanos.
Jesucristo Gómez, es la versión dramática del Evangelio de Lucas Gavilán. Trataremos en este trabajo de conocer al personaje principal desde sus orígenes, es decir, los elementos que lo construyeron, así como la carnavalización en la obra, que le llega directa por ser ésta una paráfrasis del Evangelio de Lucas.
Nos dice Bajtín, que el autor crea a su personaje para evaluar el mundo que lo rodea, éste posee un carácter que crea y produce, su papel es fundamentalmente el de producir y construir. En este caso lo creativo en el personaje de Jesucristo Gómez, está en el elemento de la Teología de la Liberación, como literatura carnavalizada; mientras que la productividad y el constructivismo, se ve marcado por la lectura que hace de los Evangelios, estos elementos se mezclan, para darnos el punto de vista que tiene Leñero sobre el cristianismo.
Teología de la Liberación
Podemos encontrar dos tiempos históricos en la Teología de la Liberación: Tiempo de nacimiento (1962- 1984) y tiempo de re-definición y maduración de tareas (1984 – 2002). Como Jesucristo Gómez fue escrita durante la etapa de nacimiento, haremos una síntesis de ésta, para enmarcar la obra y poder hacer nuestro análisis.
Entre los años 1945 – 1970, se da en Europa un proceso de recuperación económica, social, cultural y espiritual, naciendo con ello un Estado de bienestar social y se impone un capitalismo reformista y social, esto es expansivo, permitiendo movilizaciones y organizaciones sociales. "En este contexto se inscribe el movimiento teológico europeo que se va expresar en el Concilio Vaticano II: recuperación espiritual de Europa y occidente, visión optimista del mundo y la historia, confianza en la capacidad social del sistema dominante y del hombre moderno." (RICHARD Pablo htt://perso.wanadoo.es/laicos/2002T-teologia-liberación)
La situación en América latina era diferente, se evidencia la crisis del mencionado modelo de desarrollo. Surge la Teoría de la Dependencia que menciona, que no puede haber desarrollo sin ruptura de la subordinación del Primer Mundo. No hay desarrollo sin liberación.
En 1959 triunfa la revolución cubana y del 70 al 73 triunfa en Chile el modelo de tránsito democrático al socialismo, pero esto provoca en la misma época una represión creciente a los movimientos de liberación y se instauran dictaduras militares en varios países. En este difícil contexto fue que recibimos e interpretamos el Concilio Vaticano II, que celebramos la II Conferencia del Episcopado latino-americano en Medellín y que nace la Teología del la liberación. El movimiento de liberación no sólo se dio en la teología, sino simultáneamente en las ciencias sociales, en la pintura, la literatura, la música, el teatro, el cine, etc.... (Ibid)
La crisis del capitalismo social dominante, se da en los años setenta especialmente en Europa, pero también, en el resto del mundo. En 1973 sufre Chile el golpe de Estado, consolidándose el neo-liberalismo como alternativa, y la ideología de la Seguridad Nacional como estrategia. En 1979 triunfa la revolución sandinista,
Pero ya desde 1980 el mundo está dominado por la figura contra-revolucionaria y anti-comunista del Ronald Reagan y Margaret Thatcher. En 1980 aparece el Documento de Santa Fe con importantes recomendaciones para Reagan (entre otras: "La política exterior de Estados Unidos debe empezar a contrarrestar la teología de la liberación"11,3). El cambio de contexto favorece la contra-reforma de la Iglesia, pero simultáneamente urge una redefinición de la Teología de la Liberación. (Ibid)
Los cuatro elementos fundantes y constitutivos de la Teología de la Liberación, en su primera etapa; que son los que nos interesa, son de manera sintética los siguientes. Fueron tomados textualmente del documento: 40 años de Teología de la Liberación en América Latina y El Caribe (1962-2002)
(1) Opción preferencial por los pobres: raíz y estructura básica y permanente de toda la Teología de la Liberación. Es la perspectiva que nos diferencia de las teologías progresistas del Primer Mundo, que nacen del diálogo con las ciencias sociales y la secularización. En la opción por los pobres, el pobre es el sujeto del Reino de Dios en la construcción de una sociedad alternativa. La opción por los pobres es la opción por una sociedad donde quepan todos y todas, en armonía con la naturaleza. Los pobres son sujetos con una cultura y espiritualidad propias, portadores de Espíritu y Libertad frente a la Ley y la Institución.
(2)Prioridad de la praxis: TL como acto segundo. El punto de partida de la TL fue siempre la praxis de liberación, con toda su densidad teórica, estrategia y orgánica. La TL no busca sólo interpretar la realidad desde fuera, sino transformarla desde dentro. No es un pensamiento abstracto o dogmático, sino "una reflexión crítica de la praxis histórica a la luz de la palabra de Dios", que acompaña el compromiso liberador de los cristianos. La práctica de la liberación siempre tuvo como horizonte una sociedad alternativa y el sujeto capaz de construirla. En aquel tiempo la alternativa era el socialismo. Algunas corrientes de la TL utilizaron el marxismo como instrumento de análisis de la realidad, sin asumir su dimensión política (el comunismo) o filosófica (el materialismo histórico).
(3) Espiritualidad: Teología con Espíritu. Teología con Espíritu. La TL se definió desde un principio como la Teología que nace del encuentro con el Dios de los Pobres al interior de una práctica de liberación. En este encuentro el obstáculo fundamental no era el ateísmo, sino la idolatría (perversión del sentido de Dios o sustitución de Dios por otros dioses). Esta idolatría la descubrimos sobre todo en las estructuras de dominación, pues es la idolatría lo que hace posible que el opresor oprima con buena conciencia y sin límite alguno. La idolatría transforma a los sujetos (personas) en cosas y a las cosas (mercancías, mercado tecnología) en sujetos. En este sentido la idolatría es la raíz del pecado social. El ‘ateísmo’, por el contrario, era una dimensión ‘positiva’ de la práctica de liberación. Nuestra cercanía mayor era con los revolucionarios ateos que con los opresores idólatras. Incluso, en nuestra espiritualidad, descubrimos la necesidad de pasar por un cierto ‘ateismo’ en la búsqueda oscura del Dios viviente. La espiritualidad se vivía en la oración, en la mística, en el arte, en el canto, la poesía, pero sobre todo en el testimonio, lo que llevaba muchas veces al martirio.
(4) Profetismo: Teología y Palabra de Dios. La TL se pensó a sí misma fundamentalmente como teología profética, no como teología dogmática o teología pastoral. Asumió el grito de los pobres y la defensa del Proyecto de Dios en la Iglesia y en la Sociedad. La Teología profética de la Liberación se enfrentó con la doctrina de la Seguridad Nacional y realizó un trabajo de animación creativa en el mundo de los pobres. (Tomados textualmente del documento: 40 años de Teología de la Liberación en América Latina y El Caribe (1962-2002 Pablo Richard: http://perso.wanadoo.es/laicos/2002/722T-teologia-liberacion.htm)
Como podemos ver en esta síntesis, la teología está totalmente enfocada hacia las clases sociales bajas, son los pobres su prioridad y el objetivo principal, es integrarlos a un sistema igualitario basado en las enseñanzas de Cristo, que nos dice la Teología de la Liberación, no han sido interpretadas y mucho menos aplicadas de manera correcta. Jesucristo Gómez se desenvuelve en esta obra bajo estos estatutos. No sabemos nada de sus estudios, sabemos que es un albañil que conoce muy bien los Evangelios, pero sobre todo, que desea poner en práctica lo que éstos, le han enseñado. Es un cristiano verdadero, dispuesto a darse a los demás y de enseñarles a éstos hacer lo mismo. "Jesucristo: ¿Qué me ven? No pongan esa cara...Ustedes me enseñan a pepenar basura, y yo les enseño luego, a los cuatro, a todos ustedes, a pepenar hombres."(LEÑERO 1986: 62,63)
Jesucristo Gómez, tiene su antecedente en Cristo, es una versión de éste en un contexto similar, en donde se comprueba que la situación de los pobres en algunas partes del mundo, siguen siendo igual que hace 2000 años, pero es a ellos a quienes el mensaje cristiano va dirigido, pues en él, existe una esperanza de vida mejor, no sólo desde el punto de vista económico – social, sino también espiritual. Trata a los demás como quieres que a ti te traten.
Jesucristo: ¿Qué pinche mérito tiene amar a los amigos? Esto lo hace cualquiera, hasta el más egoísta. Tampoco tiene mérito hacerle favores a darle regalos al que sabemos que después nos va a ayudar. Así se portan los explotadores, los comerciantes, los políticos. Lo valioso, lo de veras de veras valioso es amar a los enemigos y hacer el bien sin esperar nada a cambio. (Ibid: 65)

En este mensaje, Jesucristo enseña uno de los principios fundamentales del cristianismo: El amor, no sólo a sus semejantes, sino también a sus enemigos. El mensaje sigue: "Cada árbol se conoce por su fruto. No se recogen higos de los mezquites, ni de los huizaches se recogen guayabas. El hombre bueno saca lo bueno de su corazón bueno, y el malo: del corazón malo saca lo malo... El que quiere oír, que oiga, y al que le venga el saco que se lo ponga". (Ibid: 67)
También encontramos en Jesucristo Gómez, un punto fundamental de la Teología de la Liberación: el de enseñar a ser mejor. También en el siguiente fragmento, podemos ver el punto de vista muy particular de los milagros, cuando la gente que seguía a Jesucristo era mucha, y no tenían comida para ellos.

Los reunidos hacen lo indicado por Jesucristo: quienes traen viandas las llevan hasta donde se encuentran los discípulos. Estos recogen la comida en canastas y de inmediato empiezan a distribuirla. Mientras la comida se distribuye, Jesucristo reanuda su plática caminando entre la gente, ya acomodada para comer... (Ibid: 66, 67)
En Lucas, tenemos el milagro de la multiplicación de los panes, diferente a como lo trata Leñero. No se debe esperar el milagro. Jesucristo Gómez enseña lo que la Teología de la Liberación tiene muy claro: El verdadero milagro, está en ser mejores y saber compartir los bienes, la sociedad de la que hablaba Cristo, la justa, la igualitaria, sólo se logrará cuando el hombre cambie y aprenda a ser mejor consigo mismo y con los demás. Jesucristo Gómez no hizo milagros, en cambio, enseñó e hizo servicios: "atiende, se preocupa, toma como propios los problemas de los demás y les busca una solución" (LEÑERO1986:15).
Jesucristo Gómez, carga, como ya lo mencionamos; con la connotación de Cristo, éste por sus características únicas, ha sido analizado y estudiado por muchos, pero como es Bajtín nuestro teórico de apoyo, a continuación citaremos lo que dice de él:
En Cristo encontramos una síntesis, única por su profundidad, del solipsismo ético, de la infinita severidad del hombre para consigo mismo, esto es, de una actitud hacia su persona que es intachablemente pura, con una bondad hacia el otro que es de carácter ético y estético: aquí por primera vez se manifiesta una infinita profundización del yo-para –mí, pero este yo no es frío sino infinitamente bueno para con el otro, es un yo que hace toda la justicia al otro como tal, que descubre y afirma toda la plenitud de la particularidad valorativa del otro. Para este yo, todos los hombres se dividen en sí mismos, que es único, y en todos los demás hombres, en él mismo, que perdona a otros, y en otros los perdonados, él que es salvador y todos los demás, salvados, él quien acepta el peso del pecado y la expiación y todos los demás, liberados de este peso y expiados. De allí que en todas las normas de Cristo se opongan el yo y el otro: el sacrificio absoluto de sí mismo y el perdón absoluto para el otro. Pero el yo- para- mí es el otro para Dios. Dios ya no se define esencialmente como la voz de mi conciencia, como la pureza de la actitud hacia uno mismo, como la pureza de la arrepentida autonegación de todo lo dado en mí, Dios no es aquel en cuyas manos da miedo caer, no es aquel cuya vista da muerte (autocondena inmanente), sino que es el padre de los cielos que está por encima de mí y que me puede justificar y perdonar en los casos cuando yo desde mi interior no me puedo perdonar ni justificar por principio, permaneciendo puro para conmigo mismo. Lo que yo he de ser para otro, es Dios para mí. Aquello que él otro supera y rechaza en sí mismo como una dación mala, yo lo acepto y lo perdono en él como la querida carne del otro. (BAJTÍN 1999: 56,57)

Jesucristo Gómez, sigue la línea de Cristo. Es un ser lleno de amor incondicional hacia el otro, tiene conocimiento de Dios, no como lo ha enseñado la Iglesia, como un Dios que pide resignación para los sufrimientos humanos, sino como un Dios que perdona y que enseña a perdonar en el ejercicio del amor hacia el prójimo: porque lo que yo he de ser para el otro (alguien que comprende, ama y perdona), es Dios para mí (un ser que ama, comprende y perdona).
Para Jesucristo Gómez, lo anterior es lo fundamental en la religión cristiana y lo que más critica es precisamente que la Iglesia se haya olvidado, o mejor dicho, borrado de su doctrina el amor hacia el prójimo, en este caso a los más pobres y marginados, por volverse una Institución burocrática, en donde hay que hacer muchos trámites para llegar a Dios, en lugar de hacer obras y servicios a los demás. Pero nos dice la Teología de la Liberación, que el mismo Jesús era anticlerical y anti-institucional:
Jesús se gana enemigos con su denuncia de la religión ritualizada sin amor por el prójimo. Denuncia como hipócritas a aquellos que cumplen reglas minuciosas en tanto que descuidan los elementos más importantes, "justicia y piedad y buena fe". La actitud de Jesús hacia la religión se aplica no sólo a su época sino que es más bien la base para una crítica permanente: todas las instituciones de la religión —iglesias o catedrales; vestimentas, incienso o sacramentos; leyes, reglas, o costumbres; órdenes religiosas, diócesis, o el Vaticano— todos ellos son medios, no fines. La verdadera santidad —en verdad, la presencia divina— debe encontrarse en la otra gente que está al lado, y particularmente en los pobres y parias, aquellos a quienes el "mundo" —la estructura del poder— olvida. (PHILLIP BERRYMANhttp://ensayo.rom.uga.edu/critica/liberacion/berryman/cap3.htm)
Otro aspecto muy importante que maneja Jesucristo Gómez, basado en la Teología de la Liberación, son los conceptos: vida- muerte- resurrección. Jesucristo cree en la resurrección como Dios, como vida. Esto nos lo explica Phillip Berryman:
Sea cual fuere el núcleo "histórico" de las narraciones de la resurrección, señalan la reivindicación del Dios de la vida y el mensaje de Jesús. No es vano vivir y luchar como lo hizo Jesús, y -de hecho conduce a la plenitud de la vida. Aceptar la resurrección vuelve al revés el significado de la vida y de la muerte. La plenitud de la vida viene por medio de la muerte. Ése es el sentido de las palabras que los Evangelios atribuyen a Jesús. "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará" (Mat. 16:24-25). (Ibid)
En la escena después de la resurrección, el sepulturero que conoce a Jesucristo Gómez dice: "Para mí esos hombres no mueren nunca. Pueden matarlos, pero no se mueren. Al contrario, siguen cada día con más vida, como quien dice." Esto, desde el punto de vista de la Teología de la Liberación, significa que todos aquellos que mueren por los demás, vivirán en los corazones de éstos.
Muchos latinoamericanos han interiorizado esta convicción sobre la vida y la muerte —están deseosos de morir si deben hacerlo. El arzobispo Romero de San Salvador expresó la convicción de muchos cristianos latinoamericanos comprometidos cuando dijo: "Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño." Ya que realmente fue asesinado (mientras decía misa) y vive en el corazón de mucha gente, proporciona un ejemplo contemporáneo del paradigma de muerte /resurrección encarnado en Jesús. (Ibid Phillip B)
Otro punto que se relaciona con todo esto, es como nos plantea Leñero la muerte y resurrección de Jesucristo Gómez,
Ya indicamos que Leñero sigue a la Teología de la Liberación en las palabras del sepulturero, quien dice que los hombres como Jesucristo Gómez no mueren. Pero también es interesante ver como también sigue a Lucas: primero en lo que respecta a Magdalena y la aparición de Jesús, nuestro autor, tampoco lo menciona y sin embargo, es María de Santiago quien ve primero al hombre de las mandarinas. Este hombre de las mandarinas, tiene el papel del hombre nuevo, del hombre que surge con la muerte de Cristo. En varias de las escenas, vemos a Jesucristo comiendo o pelando mandarinas; Leñero, no plasmó la idea de la resurrección del personaje, sino que la sugiere a través de las mandarinas. Pero lo interesante es que sostiene la idea del hombre nuevo. Phillip Berryman dice: "La frase ‘hombre nuevo’ tiene una resonancia especial para algunos latinoamericanos, ya que el Che Guevara y otros marxistas hablan también de un ‘hombre nuevo’ revolucionario (unos cuantos se han sensibilizado lo bastante para añadir y mujer)". (Ibid Phillip B)
Jesucristo Gómez, es presentado por Leñero sin llegar a concluirlo. Mediante el cierre estético abierto, no condiciona la conclusión, ni de la obra, ni del personaje. Jesucristo Gómez, tiene la posibilidad de regenerarse, de renovarse, vivir una metamorfosis, es por esto, que aparece al final el hombre de las mandarinas, pero esto no es lo absoluto, ya que el lector (público) puede creer o no creer, que Jesucristo Gómez ha resucitado.
Literatura carnavalizada.
Bajtín ubica a los Evangelios y a la literatura cristiana dentro de la literatura carnavalizada.
Durante la época del Renacimiento, la corriente carnavalesca destruyó muchas barreras y penetró en grandes zonas de la vida y en la perspectiva del mundo oficial. Antes que nada, se posesionó de casi todos los géneros de la literatura y los transformó fundamentalmente.
Tuvo lugar una profunda y casi total carnavalización de las letras. La percepción carnavalesca del mundo con sus categorías, la risa carnavalesca, el simbolismo de las acciones carnavalescas de coronación y destronamiento, de cambios y disfraces, la ambivalencia carnavalesca y todos los matices de la libre palabra del carnaval –palabra familiar, cínica, franca, excéntrica, laudatoria o injuriosa, etc. – penetraron en casi todos los géneros literarios. Sobre la base de la percepción carnavalesca del mundo se forman también las complejas formas de la visión del mundo renacentista. A través del prisma de la percepción carnavalesca del mundo se refracta en cierta medida la Antigüedad clásica asimilada por los humanistas de la época. El Renacimiento representa la cumbre de la vida carnavalesca. Después se inicia el descenso. (BAJTÍN 2003: 190)
El decrecimiento de la vida popular carnavalesca es a partir del siglo XVII; casi se pierde su carácter universal. En la vida de los hombres, su peso específico disminuye, empobreciendo, reduciendo, y simplificando sus formas. Por esto mismo, cambió también el carácter de la carnavalización literaria. Hasta la mitad de este siglo, el carnaval era una forma de vida, la gente participaba de sus acciones y de su percepción del mundo. Algunos géneros se destinaban directamente para el carnaval.
La fuente de la carnavalización fue el carnaval mismo. Además, la carnavalización determinaba la formación de los géneros, es decir, no sólo tocaba el contenido sino también los mismos fundamentos genéricos de la obra literaria. A partir de la segunda mitad del siglo XVII el carnaval deja de ser casi por completo la fuente inmediata de la carnavalización, cediendo su lugar a la influencia de la literatura ya carnavalizada anteriormente; de este modo, la carnavalización llega a ser una tradición puramente literaria. (Ibid: 192)
Nos dice Bajtín, que ya en Sorel y Scarron se puede encontrar no sólo la influencia del carnaval, sino también el influjo de la literatura carnavalizada del Renacimiento (principalmente, de Rabelais y de Cervantes). Y así, la carnavalización se convierte ya en una tradición de género literario. Esta literatura carnavalizada, está separada de la fuente inmediata del carnaval, los elementos de éste, se transforman y cobran nuevo significado.
Por supuesto, también el carnaval en sentido propio, así como otros festejos carnavalescos (por ejemplo, la corrida de toros) y la corriente de mascarada, la comicidad de carpa y otras formas de folclor carnavalesco siguen influyendo directamente sobre la literatura incluso en nuestros días. Pero esta influencia en la mayoría de los casos se limita al contenido de las obras sin tocar su base genérica, es decir, carece de capacidad para producir géneros nuevos. (Ibid: 192)
La menipea y la carnavalización influyeron de manera determinante en la literatura cristiana en proceso de formación: la griega, la romana y la bizantina.
Los principales géneros narrativos de la literatura cristiana antigua (evangelios, "hechos de los apóstoles", "apocalipsis", "vida de santos y mártires") se relacionan con la aretalogía clásica que en los primeros siglos de nuestra era se desarrollaba en la órbita de la menipea. En estos géneros, especialmente en los numerosos "evangelios" y "hechos", se elaboraban las clásicas síncrisis dialógicas cristianas: el tentado (Cristo, el justo) con el tentador, el creyente con el incrédulo, el justo con el pecador, el mendigo con el rico, el seguidor de Cristo con el fariseo, el apóstol cristiano con el pagano, etc. (Ibid:1987)
En los géneros cristianos, al igual que en la menipea, cobra una gran importancia en lo que a organización se refiere, la puesta a prueba de la idea y de su portador, la prueba de tentaciones y martirios (sobre todo, por supuesto, en la hagiografía). Se unen en un mismo plano dialogizado y con los mismos derechos: los ricos y los poderosos, los ladrones, los mendigos, las hetairas, etc. Así como también, tienen cierta importancia como en la menipea, los sueños, la demencia y las obsesiones de todas clases. Por último, la narrativa cristiana absorbió también los géneros emparentados: el simposium (las cenas evangélicas) y el soliloquio. (Ibid: 197)
Pero también, la literatura cristiana independientemente de la menipea, estuvo sujeta a la carnavalización directa. Como ejemplo, tenemos la escena de la coronación-destronamiento de Jesús "rey de Judea". Pero esta manifestación es más evidente en la literatura cristiana apócrifa.
Se podría decir, que éstos son los orígenes clásicos de Jesucristo Gómez, por ser esta obra una paráfrasis de un Evangelio, posee todas las características mencionadas, las cuales veremos a continuación.
Empezaremos por "la tentación". Aquí podemos encontrar una de los más importantes elementos de la menipea en la literatura cristiana (como ya mencionamos anteriormente): la puesta a prueba de la idea y de su portador. Tenemos a Jesucristo Gómez, que es un cristiano en toda la extensión de la palabra, es decir, alguien que pone en práctica las enseñanzas de Cristo, cuya benevolencia y amor al otro, es manifiesta. Un personaje incorrupto que se encuentra en circunstancias realmente tentadoras, en donde su situación puede cambiar, pero sus principios y sus valores, le ayudan para no caer en la tentación. A continuación, unos fragmentos de esta escena:
Diablo Samperio (en lo suyo): Que me manda llamar el maistro Braulio y que me dice, el cabrón: Diablo Samperio, lo prometido es deuda. Ahí está la chamba para ti y para tu amigo. Necesito gente de primera; gente como ustedes, cabrón, de los buenos. Ahí está... tú y tu amigo, ¡pero ya!
Jesucristo: ¿Yo también?
(…)
Jesucristo: No estoy muy seguro de que quiera dedicarme toda la vida a la construcción.
Diablo Samperio: ¿A qué te gustaría dedicarte entonces?
Jesucristo: A ayudar a mi gente, a echarles una mano a lo jodidos.
Jesucristo: No te rías.
Diablo Samperio: Si tú también estás jodido no vas a poder ayudar a alguien... primero ayúdate a ti mismo, junta tus centavos, y ya luego regresa si quieres a dártelas de redentor. Lo que necesitan los jodidos es lana, Cris, dinero... no palabras bonitas. Las palabras bonitas no llenan el estómago.
Jesucristo: No me chingues, Diablo.
(…)
Diablo Samperio: Ah sí, del güero Salinas... pues eso, mi hermano. Que nomás es cosa de que el güero Salinas te conozca pa que de seguro piense en ti como diputado, como presidente municipal, ve tú a saber... y una vez emboletado en la grilla hasta donde tope. Con suerte llegas a gobernador. Quien quita y a secretario de Estado, a presidente de la República, o a lo mejor.
Jesucristo: No digas pendejadas.
(…)
Jesucristo: ¿De qué te ríes, Diablo?
Diablo Samperio: ¿Sabes por donde le puedes entrar también a este negocio?
Jesucristo: ¿Por donde?
Diablo Samperio: Por la Iglesia, hermano, tú que eres tan católico... métete de cura y ya chingaste.
Jesucristo: Alguna vez lo pensé.
Diablo Samperio: Pues ahí tienes... si para ayudar a los jodidos no te gusta la lana ni te convence la política, sólo te queda ser enviado de Dios.
Jesucristo: No te burles.
Diablo Samperio: Hablo enserio, Cris. Nomás ve la influencia que tienen los curas entre la gente del pueblo, tú lo sabes. Y si no fueran tan pendejos y tan cabrones, la de cosas que podrían hacer por los fregados... con ellos no hay quien pueda. Ahí se rajan hasta los políticos, nomás revisa la historia. ¿A poco no?
Jesucristo: Hay muchas cosas que cambiar en la Iglesia, ya lo dice mi madre.
Diablo Samperio: Pues éntrale para cambiarla. A lo mejor llegas a obispo... ¿Te imaginas tú de obispo? (ríe)
Jesucristo (enojándose): Deja de decir idioteces, es mejor que te calles. (LEÑERO 1986: 45 – 49)
El encuentro entre Jesucristo Gómez y el diablo Samperio está lleno de elementos carnavalescos. Uno de ellos: la risa.
En el Evangelio de Lucas, encontramos que Jesús no ríe, pero tampoco el diablo. En cambio en Leñero encontramos la risa en ambos. La risa en el Diablo Samperio, es una risa estruendosa, burlesca, además, la acompaña un lenguaje vulgar y altisonante. Pero podemos encontrar en esta escena, que son precisamente estos elementos que hemos mencionado, los que le dan una atmósfera de familiaridad entre Jesucristo Gómez y el Diablo Samperio, incluso el lector (o el público) se siente cercano a ellos, esto es posible; por el elemento cómico: la risa, ya que ésta destruye tanto las distancias como el miedo y lo transforma todo en un mundo familiar. "La risa es, precisamente, la que destruye la distancia épica y en general, todo tipo de distancia...En la imagen distanciada el objeto no puede ser cómico; para convertirlo en cómico ha de ser acercado; todo lo cómico es cercano" (BAJTÍN en Lorena Cadish: www.everba.com/winter03/fina_lorena.htm)
Es interesante como en una escena de tanta seriedad como es la tentación, Leñero introduce el humor para acercarnos más a los personajes, es decir, para señalar que tanto Jesucristo Gómez, como el Diablo Samperio, son parte de nuestro mundo familiar y cotidiano. En toda la obra, las chispas de humor son las que nos hace tener en cuenta, que todos los personajes no son los bíblicos, sino que son extraídos de la realidad. En esta escena podemos palpar el sentido del humor; es evidente, pero éste se halla presente en toda la obra, en el parafraseo que hace el autor de manera ingeniosa y lúdica; aunque no descarada de cada escena. Leñero se cuidó muy bien de que el humor no se confundiera con burla hacia el texto original, no es ésta su intención, sino partir de él, para criticar el sentido que se le ha dado a los Evangelio y al cristianismo en general.
Para terminar con el tema de la risa, podemos ver, como un personaje que ríe se nos muestra humano y cercano:
Jesucristo parece terminar su discurso y se aparta, mientras la concurrencia empieza a comer. El grupo de apóstoles llega hasta él.
Justo Irigoyen (mientras entrega a Jesucristo un par de tlacoyos): Ya estuvo, maestro… Ésta es tu parte.
Pedro Simón: Alcanzó muy bien. Nadie se va a quedar con hambre.
Juancho: Hasta sobró.
Justo Irigoyen: Te tocó tu mandarina...
Justo Irigoyen arroja por el aire una mandarina que Jesucristo atrapa, sonriendo. (LEÑERO 1986: 67)
Este Jesucristo sonriente esta cerca de nosotros, la intención de Leñero, es acercar al personaje, mientras que la Iglesia creó distancias a través de un discurso de permanente seriedad, arrepentimiento y dolor, pues el Jesús de los Evangelios, es un ser capaz de sufrir mas no de sonreír.
Pasamos a otro punto sobre la literatura carnavalizada que es el banquete (el simposium): la comida y bebida. Es interesante como Leñero (y con esto vemos clara una intención de acercamiento), introduce en su paráfrasis la comida típica mexicana: tortillas de comal, pozole, menudo, caldo, nopalitos, tlacoyos etc. Esto permite al lector (o espectador) ubicar a los personajes en un espacio cercano y familiar.
La última cena
Bodegón
En torno a una mesa improvisada con tablones cenan Jesucristo y sus discípulos. Toman pozole y beben cerveza. Frente al sitio de Jesucristo hay una bandeja de pambazos.
Jesucristo (melancólico): Hacía mucho tiempo que tenía ganas de cenar así, con ustedes. Con suerte y ya nunca volveremos a estar juntos y me gustaría que no olvidaran esta cena...Para mí será la última, a lo mejor. (LEÑERO 1986:99)
La comida aquí, nos especifica el lugar donde se ubica la acción, ya que los pambazos son típicos de la zona centro del país. En esta escena, Leñero sigue a Lucas, parafraseándolo pero a la vez, resaltando el aspecto que ya hemos mencionado, de acercamiento a través de la comida y la bebida.
Los apóstoles no reaccionan y ven como Jesucristo entrega a cada quien, en su lugar, un par de pambazos. Así recorre la mesa.
Jesucristo: Cuando cenen luego. Otras veces, con sus amigos acuérdense de esta noche.
Jesucristo termina de repartir los pambazos y regresa a su lugar.
Felipe: Súbele al radio, Tomás, que se oiga bien la música.
Mateo: Sí, hay que echarle ambiente.
Tomás sube el volumen de la música del radio. Se escucha una melodía ranchera; tal vez un corrido revolucionario.
Felipe: Eso, muy bien, ¡bravo!
Andrés: ¡Bien por la música!
Desde su lugar, Jesucristo levanta su botella de cerveza.
Jesucristo: Hay que decir salud, compañeros... ¡Salud a todos!
Apóstoles (en distintos tonos): Salud (Ibid: 100)
Esta imagen del banquete, es decir del comer, beber, de la ingestión, está directamente ligada a la fiesta popular. No es un comer y beber cotidiano que forma parte de la existencia humana, sino del que se desarrolla durante la fiesta del pueblo. Este aspecto lo adquiere de la cultura popular, que penetra en el texto como una tendencia a la abundancia y hacia la universalidad. También podemos notar el elemento utópico que tiene un carácter festivo, que durará mientras dure el banquete (la última cena). La cena terminará, y después, vendrá el sufrimiento y la muerte.
Por último veremos otra puesta a prueba de la idea y de su portador: el martirio. Leñero, sigue a Lucas en lo que se refiere al calvario y a los dos personajes que lo acompañaron, los ladrones: uno que reniega de Jesucristo y el otro que se compadece y cree en él. Pero también en esta larga escena, podemos notar no sólo los elementos de la literatura carnavalizada del texto original (el espectáculo que hacen de la muerte: juegan, beben, se burlan etc.) sino también, otros que llegan directos del carnaval, como son las palabras altisonantes, en un ambiente cargado de naturalismo, incluso hay risa; pero también, aparece lo grotesco en el cuerpo maltratado de Jesucristo, tosiendo y escupiendo sangre, que muere, pero que su muerte genera vida.
Conclusiones
Jesucristo Gómez, encarna el ideal utópico que Leñero tiene del hombre cristiano y que a través de él, hace una crítica a la situación política y social del país, pero también, a la Iglesia. Se vale de la ideología de la Teología de la Liberación, para plasmar en este personaje, su punto de vista muy particular sobre el cristianismo y sobre justicia social.
En Jesucristo Gómez, hay una carnavalización por parte del Evangelio de Lucas, pero también por elementos que le transmite la cultura popular y el carnaval.
A parte de los elementos carnavalescos, encontramos en esta obra, una crítica muy marcada a las instituciones: a la Iglesia, al sistema gubernamental del país, a sus aparatos de justicia y a los métodos que ejercen: la tortura y el autoritarismo. Así como también, a la desigualdad y marginación. Jesucristo Gómez, es un testimonio de la situación de muchos mexicanos que no sólo viven marginados, sino que al surgir un líder, es desaparecido por el sistema.
Para terminar con nuestras conclusiones, otro aspecto que nos resultó interesante, es que el carnaval transmite a esta obra su carácter festivo, es decir, la resurrección y la renovación como parte de los objetivos superiores de la existencia humana. El carnaval en Jesucristo Gómez, se convierte en la forma de romper con la vida normal con sus características: desigualdad social, normas establecidas, seriedad oficial, etc. para entrar en una segunda vida, que temporalmente, penetra en el reino utópico de la universalidad, de la libertad, y de la igualdad.
BIBLIOGRAFÍA
BAJTÍN Mijaíl, Estética de la creación verbal,10ª, México, Siglo XX1,1999
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